Karina K: Un rechazo implícito

•Enero 18, 2008 • Deja un comentario

Miguel Perrone está a decidido a obtener una respuesta de Karina K. Tras dos años de estar enamorado a distancia, decide encararla y decirle lo que siente. Pero no puede. Se acobarda y le manda el siguiente mail.

Karina: Quería saber si vos tenías las especificaciones que mandó el cliente. Yo recibí el mail pero por un error lo borré (y vacié la carpeta de eliminados) por lo que, si no te jode, ¿no podrías mandármelo de nuevo? Bueno, gracias che y saludos a la gente del ala este. Jaja. Miguel.

Karina respondió:

Adjunto las especificaciones. Saludos. Karina.

Miguel respondió:

Estoy enamorado de vos.

Karina no respondió.

Karina K: Amor en silencio

•Enero 2, 2008 • Deja un comentario

Miguel Perrone tiene 27 años y está enamorado de Karina K, una compañera de oficina. Le gusta mirarla mientras trabaja por cómo pone las cejas cuando se concentra. Nadie más considera a Karina K atractiva. A Miguel no le afecta, pero después de dos años de trabajar juntos acepta que debe resignarse. Que debe buscar otra cosa.

Ya sé. Soy un idiota. Nunca tuve una conversación con Karina K de algo que no fuera del trabajo. Una vez sola la vi con ropa que no fuese de la oficina. Y todo lo que sabía de ella era por lo que decía hablando con otra gente. Cuando estaba con ella me bloqueaba. No podía hablar. La había idealizado. Mi papá se casó a los 27. Yo tenía 27 y estaba solo. Y bueno, ella parecía una mina macanuda, responsable, la madre que todos los niños quisieran tener. Pero después de dos años la cosa medio que se complicaba. Dos años enamorado de la misma mujer. Sin hablar con ella. Sin ser correspondido. Sin nada. Y por el otro lado estaba Ana H. Era bonita. Medía un metro cincuenta y me iba a producir una muerte por tortícolis, es cierto, pero era bonita. Y yo le gustaba. O eso me decían al menos. Nunca había hablado con ella, trabajaba en otro departamento. Sólo la había visto pasar. Pero era bonita, podía llegar a ser el amor de mi vida, la madre de mis hijos. Igual, por las dudas, tenía que asegurarme que Karina K no quisiera serlo.